La arquitectura de Costa Rica posee una combinación de influencia española, índigena y colonial.
La tradición indígena creó asentamientos como el Monumento Nacional Guayabo con sus montículos, calzadas, plazas y acueducto, vestigios de una civilización que se cree floreció entre los años 800-1400 D.C. El tipo de vivienda que utilizaban era el “rancho” (habitación rectangular o redonda, sin paredes, o con paredes construidas de cañas que dejaban pasar el aire y techo de dos aguas, que no llega al suelo, cubierto con hojas de palmera y culmina en la cúspide con una vasija de barro para evitar goteras) cuyo interior contaba con hamacas para socializar y dormir.
En la época colonial los españoles, además de construir algunas iglesias, otras edificaciones menores y casas con patio central, introdujeron la casa de adobe, o casa construida en tierra comprimida, mezclada con fibras naturales para adquirir mayor resistencia.
En el siglo XIX, la bonanza del café permitió la construcción del Teatro Nacional: joya arquitectónica de estilo renacentista. A finales de siglo XIX se introduce al país el estilo victoriano (característico de la época de la reina Victoria en Inglaterra), para la construcción de viviendas de la burguesía cafetalera y de algunas escuelas y edificios, muy visibles en el Barrio Amón de San José.
A partir de 1920 un grupo de arquitectos formados en el exterior y pertenecientes a los círculos intelectuales, introdujo al país un nuevo lenguaje arquitectónico. Su interés por buscar las raíces hispánicas y criollas llevó a rescatar monumentos de origen colonial como las ruinas de Ujarrás y de Orosí. Se construyeron iglesias en cabeceras de cantón, entre ellas una iglesia de estilo neogótico en Coronado, con arcos ojivales en puertas y ventanas, diseñada por Teodorico Quirós.
Se introdujo la arquitectura neocolonial, con sus columnas salomónicas, sus cornisas y detalles decorativos barrocos, en templos como el de San Rafael de Escazú; en edificios estatales como la Casa Amarilla (proyectada en 1917 para ser la sede de la Corte de Justicia Centroamericana); la Casa Presidencial (actual Asamblea Legislativa); el aeropuerto Nacional (actual Museo de Arte Costarricense), diseñado por José María Barrantes y la embajada de México, diseñada por José Francisco Salazar. Se construyeron asimismo casas neocoloniales, de una planta compacta, no de patio central, rodeadas de jardines, en los barrios González Lahmann, Amón, Paseo Colón y Escalante.
Los movimientos locales se vieron a la vez estimulados por el vanguardismo europeo del Art Deco, cuya influencia puede notarse en cines como el Líbano e Ideal.
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